Por: Edgardo Zablotsky.

Fue un país extremadamente pobre. Hoy es líder en la región.

Hubo una vez en Latinoamérica un país extremadamente pobre. Un país en el cual en 1950 el ingreso per cápita alcanzaba a 400 dólares anuales, la expectativa de vida era de tan sólo 38 años, el porcentaje de niños desnutridos menores de 6 años era del 60%, el 23% de la población era analfabeta, tan sólo el 35% terminaba la escuela primaria, el 12% la secundaria y el 2% accedía a la universidad.

Hablo de un país vecino en el que en 1960 el 20% de los niños nacía con bajo peso y el 6% fallecía antes de cumplir el primer año de vida por enfermedades asociadas a la desnutrición. Un país que en 1965 tenía tan sólo el 54% de las zonas urbanas con agua potable y el 25% con alcantarillado.

¿Qué fue de aquel país? En ese país en 2004 tan sólo el 4% de los niños nacía con bajo peso y el 0,01% fallecía antes de cumplir el primer año por enfermedades asociadas a la desnutrición. Para ese entonces el 100% de las zonas urbanas contaba con agua potable y el 95% con alcantarillado.

Para 2014 su ingreso per cápita alcanzaba 23 mil dólares anuales, la expectativa de vida 80 años, el porcentaje de niños desnutridos menores de 6 años se había reducido al 2%, el analfabetismo había prácticamente desaparecido (0,1%), el 99% de los niños terminaba la escuela primaria, el 74% la secundaria y el 50% ingresaba en la universidad.

Ese país es Chile, hoy líder en Latinoamérica en función de los más diversos indicadores. ¿Un milagro? No, una política de Estado: combatir la desnutrición infantil durante 40 años. Hay un responsable: el doctor Fernando Mönckeberg.

El pasado 7 de agosto tuve el honor, junto al doctor Roque Fernández, Presidente del Consejo Superior de la Universidad del CEMA, de hacerle entrega del grado de Doctor Honoris Causa, “en reconocimiento a la vigorosa y valiosa acción que ha llevado a cabo en la vecina República de Chile en favor de la nutrición infantil como condición necesaria para el desarrollo físico e intelectual del ser humano, y el impacto que su iniciativa ha tenido en la región”.

Durante su visita a Buenos Aires, pasé largas horas conversando con este médico de 94 años, cuya energía es sorprendente. Comparto, en primera persona, algunos de sus conceptos.

“Mis investigaciones acerca de la desnutrición en el niño, me han llevado a ciertas conclusiones:

La desnutrición afecta fundamentalmente al niño durante las primeras etapas de vida, cuando el crecimiento y desarrollo son acelerados.

En este período crítico, al disminuir el gasto calórico por menor aporte, se afecta el crecimiento, resultando en definitiva una menor talla.

La disminución del gasto calórico impacta en el crecimiento y desarrollo cerebral, dejando secuelas que más tarde se detectan durante el proceso de aprendizaje.

Los daños físicos y mentales producidos durante los primeros años de vida constituyen un obstáculo para la incorporación de las personas en la demandante sociedad actual y, de afectar un alto porcentaje de la población, atentan contra el desarrollo económico y social al disminuir la competitividad del país en un mundo globalizado”.

Es claro que Argentina jamás ha tenido, como señala Mönckeberg, niveles de pobreza similares al Chile de mediados del siglo pasado, pero la vergüenza de la desnutrición infantil existe hoy en nuestro país y el enfrentarla debe convertirse en una política de Estado.

Los resultados de hacerlo durante 40 años están a la vista, somos responsables de la vida y el futuro de nuestros niños. No hagamos la del avestruz.

Nota publicada en Ámbito Financiero el 25 de agosto de 2019: https://www.ambito.com/el-milagro-chileno-puede-ocurrir-argentina-n5050550