Dr. Antonio I. Margariti

LA  OPCIÓN EN LA INTRA-PANDEMIA.

EL FUTURO SE CONSTRUYE AHORA.

            Un gran número de expertos, algunos prestigiosos y otros no tanto, nos presentan pronósticos y presagios sobre lo que nos deparará el futuro. Muchos son análisis muy interesantes pero inconducentes; otros son apocalípticos pero irreales; la mayoría ingeniosos pero intrascendentes.

            Porque al futuro no lo conoce nadie,  salvo Dios,  puesto que su eternidad hace que todos los tiempos le sean simultáneamente actuales.

            Para nosotros, los  humanos,  el futuro no es un meteorito que viene del cielo para  colisionarnos; tampoco es el  maná caído durante el éxodo del pueblo judío. El  futuro se va  formando según  nuestras decisiones diarias. Será mejor si ellas son prudentes y razonables, pero inexorablemente será funesto si son insensatas e imprudentes. 

            Si pretendemos vivir en un país mejor, es necesario imaginar y diseñar con  inteligencia  un futuro deseable; luego,  convertirlo en futuro probable y al final  construir el futuro posible.   

            De este  modo, los humanos unimos la inteligencia racional con la innovación creadora y  la fuerza de la voluntad.  De allí  que las  elucubraciones de nuestros dirigentes políticos, líderes  sociales o  intelectuales serán  esenciales para nuestro  futuro  y el de nuestros hijos.  

            Terminarán predisponiendo un país mejor y más humano o nos sumirán en un triste y miserable destino de desorden, violencia y caos.

            La opción se genera ahora,  en la intra-pandemia, y puede traducirse en dos ejemplos muy claros: el Socialismo bolivariano de Nicolás Maduro o el Capitalismo bávaro de Ángela Merkel. En un caso nuestros gobernantes intentarán imponernos una economía estatal totalitaria, que nos embarrará en un descalabro humano total. En el otro caso, las autoridades nos brindarán la posibilidad de renacer a un país más justo y libre con  iniciativa privada y mercados abiertos, que nos convertirán en la locomotora de Sudamérica. Por eso,  es clave prestar suma atención a cuáles son sus propósitos según lo que  piensen o murmuren.

            Estas cosas se incuban ahora mismo, en tiempos de intra-pandemia,  porque cuando ella termine y surja  la post-pandemia ya será  demasiado tarde. Las cosas estarán cocinadas y la imposición de un pensamiento único,  el control de nuestras vidas  y cualquier intento de cohibir las libertades individuales serán los síntomas previos  de la dictadura.  

LA MENTE DEL PRESIDENTE.

            La evidencia diaria nos muestra que la pandemia está causando  estragos en la salud física de la población. Pero el encierro universal y obligatorio también provoca desolación  en el espíritu y perturbación en nuestras mentes.  A las mentes de los gobernantes, en cambio,  les amenaza “el riesgo del desvarío mental”, esa enfermedad que don Miguel de Cervantes

Saavedra dijo sucederle al Quijote de la Mancha: “la pérdida pasajera de la razón como consecuencia de abrumadoras presiones y de lecturas que le sorbieron el cerebro”.

            Los gobernantes debieran quitarse de encima las presiones  y dominarse  a sí mismos, porque de no hacerlo, pronto comenzarán  a decir  disparates, anunciar despropósitos y cometer  barbaridades, como el ingenioso hidalgo del manco de Lepanto.  

PRESIONES DESCARTABLES.

            Ahora, en los vericuetos del intelecto presidencial, aparecen dos posiciones  contradictorias. Una,  delirante y resentida, deseosa de implantar ya mismo  una economía expoliadora  donde el único capitalista y dueño de las empresas, sea el Estado. La otra posición está en las antípodas y toma ejemplo de  mentes brillantes como la de Ángela Merkel que ha sabido controlar presiones descabelladas frente a problemas europeos  más graves que la cuarentena.    

            Necesitamos interpretar qué es lo que quieren decirnos aquellos  referentes sociales que gozan del calor del Estado o que tienen un liderazgo formal. En esta intra-pandemia  venimos escuchando disparates y desvaríos para la post-pandemia, contenidos en estas amenazantes manifestaciones  que “no son moco de pavo” como para dejarlas pasar por alto:

             1°. El propio presidente nos anuncia  que “estamos pensando en el día después; porque  vamos a hacer un nuevo contrato social”  ¿Piensa empoderar al Estado como el gran hermano para vigilar nuestros  actos privados e imponernos la igualdad social descartando los méritos individuales?

            2° Una encumbrada legisladora señaló que “el dinero  prestado para pagar salarios de trabajadores de empresas impedidas de funcionar,  se cobrará mediante la   entrega de sus  acciones al Estado” ¿El gobierno se quedará  con las empresas exitosas para acomodar militantes y planeros  en la nómina del personal?

            3° Voceros afines a la vicepresidente advierten sus intenciones de multiplicar, con abogados militantes, el número de jueces de la Corte Suprema para neutralizar los intereses bastardos  de sus actuales integrantes¿Pretenden imponer una justicia complaciente para convertir el país en un vasto latrocinio?

            4° El jefe del bloque oficialista de diputados, asesorado por un dirigente del cooperativismo de crédito está empecinado en “sancionar un oneroso  impuesto a la riqueza para ciertos individuos multimillonarios” ¿Piensan reeditar la “solución final” para liquidar la oligarquía nativa, como otrora sucedió con el régimen que desencadenó la II guerra mundial?  

            5° Ciertos miembros del episcopado se han manifestado en  favor de   “incrementar  impuestos para que una reforma impositiva alcance el objetivo misericordioso de la equidad social y la opción preferencial por los pobres” ¿No se les ha ocurrido  rescatarlos de su actual postración económica provocada precisamente por la feroz presión impositiva  de los actuales 163 impuestos que le arrebatan el 73 % de sus ingresos?               

6° Otros portavoces oficiosos proponen que “el Gobierno disponga a su arbitrio  de los dólares depositados por ahorristas  para financiar al Tesoro Nacional canjeándolos por títulos públicos y que las empresas sólo utilicen dólares que estén fuera del país cuando

necesiten importar insumos”. ¿Van a imponernos  el señoreaje del peso para bancar la hiperinflación que se desatará en la post-pandemia?

            7° Un  conocido comediante ha pedido al presidente “que si ésa es la decisión, debemos convertirnos ya mismo en Venezuela sin pérdida de tiempo”. ¿Tienen intenciones de constituir la «5ta.Internacional De La Pobreza» con Caracas, la Habana, Managua, Buenos Aires  y Puerto Príncipe?

EL PAIS DE LA PRE-PANDEMIA

            La situación de bancarrota del Estado y sus instituciones sociales como Pami, Anses, Tesorería General y Cajas jubilatorias son circunstancias que nada tienen que ver con la pandemia del coronavirus ni con la cuarentena  o la caída de las recaudaciones impositivas.

            Fue  el resultado de una larga serie de errores, imprevisiones y desaciertos cometidos por los que nos gobernaron  durante los últimos 74 años con sólo dos excepciones favorables: una,  en el período de Carlos Menem [1991-2000] gracias al régimen de la convertibilidad y otra en el período de Néstor Kirchner [2003-2007] favorecido por los vientos de cola de los altos precios de commodities agropecuarias y la quita de la deuda defaulteada en 2002 y reestructurada en 2004.

            Pensemos cómo es el escenario donde se desarrolla la vida económica y social de los argentinos, fruto de una catarata de miles de leyes demagógicas e  incoherentes surgidas desde 1946 a la fecha, con regulaciones contradictorias y objetivos intervencionistas para  alterar el funcionamiento  natural de la actividad económica. Obtuvimos el siguiente listado fruto de la desconexión y anarquía entre  los distintos  órdenes por donde transcurre la vida normal de los seres humanos.  

                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                        

                     CAMPOS DE ACTIVIDAD O ÁMBITOS  ECONÓMICO-SOCIALES (2020)

01. ORDEN ECONÓMICO: Mercados regulados, con miles de trabas  legales y administrativas.

02. ORDEN IMPOSITIVO: Presión fiscal confiscatoria  mediante 163 múltiples  impuestos.

03. ORDEN FINANCIERO: Inestable intervención para  privilegiar el financiamiento del Estado.

04. ORDEN MONETARIO: Abusivo señoreaje y  emisión que destruyen el valor de la moneda.

05. ORDEN ADMINISTRATIVO: Manía burocrática de  regular y controlar cualquier actividad.

06. ORDEN PRESUPUESTARIO: Despilfarro en las cuentas públicas,  sin austeridad ni control.

07. ORDEN LABORAL: Leyes corporativas sesgadas en favor del gremialismo político-sindical.

08. ORDEN LEGAL: Plagado de leyes incoherentes  que invalidan  toda precedencia jurídica.

09. ORDEN PROCESAL: Basado en artimañas judiciales  para entorpecer y alargar los pleitos.

10. ORDEN EDUCATIVO: Monopolio cultural que degrada y adoctrina sin  enseñar a pensar.

11. ORDEN ÉTICO: Abandono del esfuerzo por imponer las  prácticas  de  ética pública.

12. ORDEN SOCIAL: Actitud ideológica de prejuicios contrarios a la iniciativa privada.

13. ORDEN MILITAR: Permanente humillación de las FF.AA. para debilitar su influencia moral. 

14. ORDEN POLICIAL: Complicidad política  para recaudar fondos de delitos y  narcotráfico.

15. ORDEN INTERNACIONAL: Rencor hacia naciones avanzadas y  adhesión  a  regímenes populistas.

16. ORDEN PÚBLICO: Preferencia manifiesta  por el delincuente y abandono legal de la  víctima.            

El verdadero milagro argentino consiste en que hemos sobrevivido  en medio de esta  jungla de “autonomías jurídicas” donde cada ámbito tiene normas, regulaciones y principios.  

contradictorios, que operan como vallas  a la acción humana. Por eso, entre nosotros  impera la anomia,  que no es otra cosa más que la falta de respeto  a las leyes  como consecuencia de su incoherencia y degradación. El cumplimiento minucioso de las leyes,  hubiese hecho imposible la vida normal  porque estaríamos  inmovilizados.    

EL PAIS DE LA POST-PANDEMIA

            Si después que pase la pandemia, los gobiernos que se sucedan deciden mantener los mismos criterios de este  caótico cuadro, inexorablemente producirán la continuidad de la decadencia moral, social y económica del país. Siempre se puede estar peor. 

            Si  examinamos bien el  cuadro e imaginamos su incidencia en la vida cotidiana de los pequeños o medianos empresarios, profesionales, monotributistas o cuentapropistas, comprenderemos porqué esas incoherentes y heterogéneas reglas aplastan cualquier iniciativa y mina los intentos de una  acción superadora. El conjunto es como una sucesión interminable de trabas y obstáculos legales, administrativos e ideológicos para que fracase toda actividad privada.

            Por eso, la salida de la pandemia con este orden económico dirigido por el Estado, plagado de regulaciones e impuestos, sólo puede beneficiar a pequeños grupúsculos amigos del poder, a oligarquías corporativas  y a los más impúdicos personajes.  La gente sensata, la que cumple con la Ley, la que respeta a su prójimo y la que trabaja honradamente, sobrevivirá angustiada en un entorno caótico que le amenazará  con sanciones y le condenará al atraso y la desolación.    

            El país de la post-pandemia sólo será distinto, más justo, más libre y desarrollado si ahora mismo, en la intra-pandemia el presidente y su núcleo de asesores  deciden  rechazar la Opción Venezolana del Estado prepotente que vigila y controla todos nuestros actos   y comienza a estudiar  la Opción Alemana consistente en liberar la poderosa energía acumulada en  la iniciativa privada.

             Porque la  tutela bolivariana transformaría al país creando  una dependencia que sólo produce siervos, no hombres libres.  La autoenajenación, derivada de empoderar al Estado e  impedir el libre ejercicio de la responsabilidad individual es el freno  perverso que paraliza la voluntad y provoca la pérdida de rendimiento económico en el pueblo. 

            El presidente no tiene mejor alternativa que optar por la revisión de todas las leyes que distorsionan el proceso económico, refrescando una estructura jurídica-económica que asegure un largo período de estabilidad respetando estos principios constituyentes

                                    1° PRIORIDAD ABSOLUTA DE UNA MONEDA ESTABLE.

                                    2° PRECIOS LIBRES Y MERCADOS ABIERTOS.

                                    3° POLÍTICA ECONÓMICA DURADERA.

                                    4° RESPETO A LA PROPIEDAD PRIVADA.              

                                    5° LIBERTAD PARA CONTRATAR Y ELEGIR.

                                    6° REBAJA DE LA PRESIÓN IMPOSITIVA INDIVIDUAL. Y la observancia de estos principios reguladores: 

1°  VIGILAR EL PODER DE  MONOPOLIOS PÚBLICOS/PRIVADOS

                                    2° NO  MANIPULAR LA POLÍTICA DE INGRESOS.

                                    3° CORREGIR LOS EFECTOS EXTERNOS ADVERSOS.

                                    4° PREVENIR  LA ESCASEZ  DE ABASTECIMIENTOS.

            El  esquema que debiera estar preparando nuestro actual gobierno puede condensarse en este gráfico donde la función del Estado se   focaliza en establecer un Orden económico y social coherente y armónico con todos los demás órdenes de la vida,  dejando a la  libre iniciativa de las personas y sociedades privadas el proceso económico.

LA INTERDEPENDENCIA DE LOS ÓRDENES SE LOGRA ARMONIZANDO

     PRINCIPIOS JURIDICOS  CON CRITERIOS ECONÓMICOS:

a) COMPETENCIA ABIERTA POR  EFICIENCIA.

b) MINIMIZAR  IMPUESTOS Y  COSTOS DE TRANSACCIONES.

c) RESPETO A  LA PROPIEDAD Y AL PROYECTO DE VIDA DEL PRÓJIMO.

.    Aquí se reflejan claramente las relaciones de interdependencia de los órdenes en que viven las personas. Cuando mayor sea la fuerza con la que se imponga la intervención estatal típica del socialismo totalitario,  tanto más se va a configurar una arbitraria y forzada sociedad servil.           El orden social tiene una  forma de pirámide en la que siempre existe una clase dirigente, otra alta, una clase media y una clase baja. La posibilidad  de conseguir una sociedad absolutamente igualitaria y sin clases sociales es una quimera,  nunca ha existido ni tiene posibilidad de existir.

Ahora bien, la pirámide social puede constituirse  desde abajo o  desde la cúspide. Desde abajo, la sociedad se estructura espontáneamente y sus  pilares son las familias, las sociedades comerciales, las asociaciones civiles  y las entidades cooperativas. En cambio, desde arriba, esas figuras son  impuestas  y dirigidas políticamente  por el Gobierno y el resultado es una mascarada de la realidad,  porque el pueblo es inevitablemente reemplazado por la masa o el populacho.

QUÉ PORVENIR NOS ESPERA.

.           Cuanto más se oriente el orden económico hacia una economía centralizada y dirigida por las órdenes del Estado y más representen los funcionarios el poder de decisión, tanto más perderá  el orden social su carácter libre y creador.

            Tenemos el claro ejemplo del socialismo bolivariano que sólo ha conseguido uno de los mayores desastres económicos y humanos que tengamos memoria: la emigración de millones de personas y la esclavitud de quienes no pudieron dejar su Patria.               .    

            El proceso histórico  de la post-pandemia concederá al Estado un papel esencial, porque puede hacer  el mal o  el bien,  ser sepulturero  o  promotor del renacimiento.

            Desde hace mucho tiempo, 1946  a la fecha, la política económica argentina sólo ha producido  la expansión del tamaño del Estado a través de múltiples, inútiles y contradictorias funciones que representan una carga financiera insostenible,  mientras que las actividades esenciales para la vida humana han caído en manos de grupos cortesanos cuyo poder económico comparten complacientemente con las autoridades gobernantes.

            En el frágil contexto de este mastodóntico edificio se gestionarán actividades esenciales como si fueran burocráticas oficinas públicas, con absoluta falta de ideas acerca de cómo se administra una empresa eficiente y competitiva. Cuando el Estado se hace cargo de un número significativo de empresas, de inmediato aparece  la perversa doctrina  de que no está sujeto a ninguna ley moral y cuanto  más crezcan su  poder y ámbito, tanto más peligrosa será esta falaz   doctrina de que el Estado puede hacer lo que quiera y prescindir -sin efectos-  de la moral.

            En la medida que el Estado cree que él es la medida de todas las cosas y al mismo tiempo anuncia su carácter amoral,  se encontrará  menos autorizado que nunca para asumir la dirección moral del Pueblo. Si el Estado declarara estar  por encima de las ataduras éticas, convertirá su ámbito de actuación en la guarida de toda la maldad que encierra la miseria humana  y atraerá como un imán la perfidia permanente de personajes  inescrupulosos.

            Será el fin de la civilización y el comienzo de la barbarie. ¡Es ahora, con nosotros  y  el actual gobierno,  que se definirá  el porvenir que nos espera!